Reflexiones para tí.

Las Necesidades de Jesús

Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. (Juan 4: 34)

Famosa dentro del campo de la psicología es la pirámide de las motivaciones de Maslow. Este estudioso de la conducta humana formuló una jerarquía de necesidades humanas que estarían en la base de todos nuestros comportamientos. Nuestra conducta no sería, según él, otra cosa que mecanismos para suplir estas necesidades. Según Maslow, en términos generales, no nos acucia la satisfacción de una necesidad superior (por ejemplo, autorrealización) si antes no están suplidas las necesidades inferiores. Es decir, a una persona hambrienta no le van a interesar planteos sobre la autoestima o la autorrealización si primero no tiene el estómago lleno y un lugar donde dormir.

Sin embargo, nuestro Señor Jesucristo, el Hombre modelo, nos presentó en su vida terrenal una excepción notable a esta dinámica psicológica. Débil, exhausto y deshidratado por el largo y agotador viaje y por el sol abrasador, si hubiese sido cualquiera de nosotros, toda su atención y su interés se habrían concentrado en sus propias necesidades.

Pero luego de conversar con la mujer samaritana y haberle hecho beber del agua de la vida, que es su propia gracia redentora, Jesús queda tan absorto en sus pensamientos, tan entusiasmado por la alegría de ver a esa alma rescatada para su reino que ya se ha olvidado de sus propias necesidades básicas; cuando sus discípulos le ofrecen agua y bebida, les contesta con nuestro versículo bíblico para hoy: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra? El cumplimiento de su misión de amor, el ayudar al ser humano a encontrar el camino de la salvación, el llenar su alma con su gracia y su amor, le era más importante y motivador aun que los reclamos básicos de su cuerpo.

Él vivía por encima de nuestras mezquindades, pequeñeces y egoísmos, y había una fuerza superior que lo motivaba y sostenía aun en las peores condiciones, como fue manifestado en su pasión: hacer la voluntad de su Padre y cumplir con su obra de gracia en el mundo. ¡Qué maravilloso es el amor de nuestro Salvador, cuya mayor motivación no es el interés propio, sino vernos salvados y seguros en su reino eternamente!

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El Tesoro Escondido”
Por: Pablo Claverie






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