Reflexiones para tí.

Todas las cosas

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Filipenses 3:8, RV95).

Hoy quiero llamar tu atención a uno de los pasajes más extraordinarios de la Biblia: “Si Dios no nos negó́ ni a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no habrá́ de darnos también, junto con su Hijo, todas las cosas?” (Romanos 8:32). Maravillosa promesa, ¿no te parece? Charles R. Swindoll ilustra lo dicho por el apóstol con la siguiente anécdota.

Imagina que el administrador de una prestigiosa joyería te llama para decirte que eres el ganador de un costoso collar de diamantes. Mientras no terminas de salir del asombro, el gerente agrega: “Lo único que tienes que hacer es venir mañana a la tienda y recoger tu premio”. Al día siguiente la joyería ha organizado una pequeña ceremonia de entrega. Hay invitados, fotógrafos, comida, y… por supuesto, algún que otro curioso que desearía robarse el premio. Al finalizar la ceremonia, como no quieres andar exhibiendo el collar, le pides al gerente que te obsequie un pequeño estuche para guardarlo.

¿Crees que la joyería, después de haberte dado un regalo de varios miles de dólares, dirá́: “Si usted quiere el estuche, tiene que comprarlo”? Lo dudo, puesto que el valor “del estuche es nada comparado con el collar” (Romanos: Comentario del Nuevo Testamento, p. 165).

Algo similar sucede con Dios. Un día él te llamó y te dijo: “He dado el mayor de mis tesoros por ti, he entregado a mi Hijo para que tú puedas obtener la vida eterna. Lo único que te pido es que vengas y aceptes ese regalo”. Tú decides aceptar el obsequio, y luego le dices al Padre: “Señor, como todavía me queda un tiempo de espera en esta tierra, me gustaría estudiar, comprar un vehículo, casarme, tener hijos, establecer un negocio. Quiero llegar lejos, ayudar a los demás, conseguir un mejor trabajo. ..” ¿Crees que Dios se negará a concederte tales peticiones?

La respuesta es obvia. Todo esto es nada en comparación con Cristo. Entonces, ¿qué es lo que más te conviene? Aceptar el regalo que Dios te ha dado en Jesús, y por medio de él, pedirle que también te entregue todo lo demás.

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Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“Visita mi Muro, 366 Mensajes que Inspiran”
Por: J. Vladimir Polanco






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