Voluntarios de la Asociación de los Estados del Golfo apoyaron proyectos de construcción en los distritos Sincelejo Central y Sincelejo Norte, compartieron recursos y trabajo, y cerraron su visita sirviendo también desde los púlpitos de varias congregaciones.

Veintinueve voluntarios provenientes de la Gulf States Conference of Seventh-day Adventists (Asociación de los Estados del Golfo), en Estados Unidos, llegaron a Sincelejo con un propósito sencillo: servir donde hiciera falta. Por unos días dejaron atrás su rutina, su país y la comodidad de casa para sumarse a jornadas de servicio entre pintura, arena, gravilla y las altas temperaturas de la región.

Su visita benefició a los distritos Sincelejo Central y Sincelejo Norte, pertenecientes a la Asociación del Caribe Colombiano, donde acompañaron proyectos de construcción y mejoramiento de espacios para las congregaciones. La experiencia también incluyó aportes económicos, convivencia con los miembros locales y participación en la programación espiritual del sábado.

Entre los integrantes de la delegación estuvieron el Pr. Gerson Sánchez, coordinador del Ministerio Hispano de la Asociación de los Estados del Golfo; el Pr. Michael Rodríguez, departamental de Jóvenes; los pastores distritales Pr. Jorge Belisario y Pr. Edgardo Carmona; y el Pr. Marcelo Mansur, asociado de Comunicaciones de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día.

Una manera de devolver lo recibido

En el Distrito Sincelejo Central, pastoreado por el Pr. Edwin Díaz, una de las primeras jornadas llevó a los visitantes hasta un salón comunal que guardaba una historia especial para una de las congregaciones.

Durante seis meses, la comunidad había permitido que los adventistas utilizaran gratuitamente aquel espacio para reunirse los domingos, miércoles y sábados, mientras avanzaba la construcción de su nuevo lugar de culto. Como muestra de gratitud, los miembros habían prometido devolver el salón pintado.

La presencia de los voluntarios hizo posible cumplir ese compromiso. Visitantes y miembros locales trabajaron juntos durante el día hasta renovar el lugar que meses atrás les había abierto sus puertas.

“Fue una linda experiencia; estuvieron ahí con nosotros todo el día”, recordó el Pr. Edwin Díaz.

La jornada reflejó uno de los rasgos que acompañó toda la visita: no se trataba únicamente de levantar estructuras, sino de servir a las personas y fortalecer los vínculos con la comunidad.

Un día de playa que terminó convertido en una jornada de trabajo

La experiencia tomó un giro particular al día siguiente en La Floresta, una filial de la Iglesia El Salvador donde un grupo de creyentes se reúne regularmente y espera contar con su propio templo.

Representantes de la delegación habían conocido previamente las necesidades del lugar y recopilado fotografías y videos con la intención de buscar apoyo. Cuando los voluntarios llegaron, los cuatro grupos que trabajaban entre Sincelejo Central y Norte decidieron concentrarse allí.

Tenían otros planes para esa tarde: ir a la playa. Pero mientras abrían zanjas, cargaban arena y gravilla y veían las necesidades del proyecto, decidieron quedarse.

“Ellos se emocionaron abriendo huecos, abriendo cunetas, cargando gravilla y arena, y decidieron postergar la salida para la playa”, relató el Pr. Edwin Díaz.

La actividad recreativa quedó para el día siguiente. Aquella tarde continuaron trabajando y dejaron abiertas seis excavaciones destinadas a las columnas de la futura edificación.

El respaldo no terminó con el esfuerzo físico. Según el Pr. Edwin Díaz, el proyecto contaba inicialmente con 3.780.000 pesos destinados por el grupo. A esa suma se añadieron aportes personales realizados por pastores de la delegación: dos de ellos entregaron en conjunto 1.800 dólares, mientras otro contribuyó con 1.400 dólares.

Con estos recursos, el proyecto de La Floresta quedó con una base cercana a 13 millones de pesos colombianos para continuar la construcción.

El impulso no se detuvo con la partida de los visitantes. La congregación siguió trabajando, avanzó en la base y consiguió materiales como hierro, arena y gravilla, mientras continúa buscando los recursos necesarios para las siguientes etapas.

Servir dentro de lo sencillo

En Sincelejo Norte, bajo el liderazgo del Pr. Over Peña, 14 integrantes de la delegación fueron destinados inicialmente a apoyar diferentes necesidades.

Debido a disposiciones de seguros y protección laboral, no podían asumir directamente algunas tareas especializadas de construcción. Esto no impidió que buscaran otras maneras de colaborar. Pintaron, impermeabilizaron paredes, trasladaron pequeñas cantidades de materiales y realizaron labores que estaban dentro de sus posibilidades.

Para el Pr. Over Peña, sin embargo, lo que más llamó la atención no fue cuánto podían hacer, sino la disposición con la que lo hicieron.

El Pr. Over Peña recordó que entre los visitantes había jóvenes, adultos, familias e incluso niños; personas que habían dejado temporalmente su país, sus ocupaciones y su entorno habitual para participar en la misión.

También destacó la manera en que asumieron las altas temperaturas de Sincelejo, muy diferentes a las condiciones a las que algunos estaban acostumbrados.

“Recurso humano, recurso financiero, recurso familiar, amistad y familia; todo ello lo dieron”, expresó el Pr. Over Peña.

Para el Pr. Over Peña, recibirlos fue “una bendición muy grande” y una experiencia que dejó un profundo sentimiento de gratitud en el distrito.

De la construcción al púlpito

El servicio continuó el sábado, pero esta vez las herramientas dieron paso a la Biblia, la música y la adoración.

En Sincelejo Central, integrantes de la delegación participaron en las iglesias Central, La Selva, Edén y Rosa de Sarón, donde los pastores visitantes compartieron la Palabra de Dios. En Sincelejo Norte también acompañaron la programación sabática con cantos, predicación y otras actividades.

“Ellos hicieron un trabajo el sábado muy bonito; cantaron, estuvieron apoyándonos en el evento y predicaron”, señaló el Pr. Over Peña.

Así, la visita que durante la semana había dejado pintura nueva, excavaciones y materiales preparados para continuar construyendo terminó alrededor de aquello que daba sentido al esfuerzo: la misión de la iglesia.

El sábado en horas de la tarde, el grupo emprendió viaje hacia Cartagena, dejando atrás proyectos que continuarían avanzando y relaciones que trascendieron los días compartidos.

Para el Pr. Edwin Díaz, la experiencia puede resumirse en una palabra: gratitud.

“Gracias a Dios por permitirnos avanzar y hoy podemos decir que fue una bendición que ellos hayan estado en nuestro distrito”, afirmó el Pr. Edwin Díaz.

Una misión que continúa

La iniciativa, gestionada con la participación del Pr. Edgardo Carmona, permitió que personas provenientes de contextos y países diferentes se encontraran alrededor de una misma misión. Durante aquellos días en Sincelejo, servir significó tomar una brocha, mover materiales, compartir recursos, predicar, cantar y dedicar tiempo a otros.

Los voluntarios regresaron a casa, pero las obras continúan. En las congregaciones beneficiadas permanecen los materiales, los avances en construcción y el desafío de seguir levantando espacios donde nuevas personas puedan reunirse para adorar y conocer el evangelio.

Para la Asociación del Caribe Colombiano, la experiencia reafirma el valor de una iglesia que trabaja unida más allá de las fronteras. Lo vivido en Sincelejo mostró que la misión no siempre comienza con grandes acciones: muchas veces toma forma cuando alguien decide poner sus recursos, sus capacidades y su tiempo al servicio de Dios y de los demás.

Las jornadas terminaron, pero aquello que ayudaron a construir sigue creciendo: templos que comienzan a levantarse, comunidades fortalecidas y vínculos de hermandad que recuerdan que, cuando la iglesia sirve unida, la misión avanza.

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